En verano, el olivar tiene uno de los momentos más importantes de todo su ciclo vegetativo, pues es en este tiempo en el cual se va a ver la cosecha que vamos a poder recoger, así como la calidad del fruto que vamos a obtener para elaborar nuestros Aceites de Oliva Virgen Extra.

En el inicio del mes de julio vamos a poder cuantificar una primera estimación del cuajado del fruto en el árbol, aunque es demasiado pronto, pero se van a ver las primeras aceitunas, del tamaño de cabezas de alfiler, en el lugar donde se encontraban las flores.

El olivo es un árbol con una floración espectacular, pero un porcentaje bajo de cuaja en el árbol, por tanto, una gran floración no tiene por qué conllevar una gran cosecha, pues hay muchos factores externos que decidirán sobre este punto, temperatura, ausencia o presencia de viento, lluvias…

De esas primeras cabezas de alfiler que vamos a ver al final de la floración, una gran parte se va a quedar por el camino, son aceitunas que una vez llegado al tamaño aproximado de un grano de arroz, dejan de crecer. Estas aceitunas no producirán aceite, cayéndose antes de que llegue el momento de la recogida. En la Sierra de Segura a esta aceituna se le llama “aceituna Pajarera”, supongo porque sirve de alimento para los pájaros al no tener hueso.

Durante final de julio y primeros de agosto el olivar debe de hacer frente a los duros veranos que sufrimos en el sur.  Este año, sin agua durante prácticamente tres meses, el olivar se esfuerza en sacar su fruto adelante; en esta época el árbol no crece, dedicando todas sus reservas a alimentar las aceitunas.

Hacia finales de agosto suele haber un respiro a esta situación de sequía, con las primeras tormentas veraniegas, que limpian la atmósfera, refrescan el campo y humedecen la tierra. Estas tormentas son armas de doble filo, pues en muchas ocasiones vienen acompañadas de aparato eléctrico y de granizo.

El granizo es uno de los mayores enemigos de los cultivos, y para la aceituna es bastante dañino, pues aparte de la aceituna que puede tirar al suelo, mucha de la que queda en el árbol se queda tocada y se terminará cayendo antes de la recogida.

Durante este tiempo es cuando se inician las labores para preparar los suelos y los árboles para la época de la recogida. El suelo se rastrea para eliminar las hierbas secas y así evitar entre otras cosas el riesgo de incendios, o se tritura la hierba seca para minimizar el movimiento de tierra alrededor de los árboles.

A los olivos se les hace una labor que consiste en eliminar los tallos nuevos que salen de la parte baja del tronco, llamados dependiendo de la zona, renuevos, varetas o pestugas, como se les denomina en la Sierra de Segura.

A esta labor, que se hace de manera totalmente manual, en la Sierra de Segura se la conoce como despestugue, y se usa para ello unas pequeñas hachas y unas pequeñas motosierras con una espada pequeña y estrecha.

El fin de esta labor es doble, en primer lugar, eliminar estos tallos no productivos para que no consuman nutrientes del olivo y así todo vaya a las partes productivas, y en segundo lugar, para facilitar la recolección, para la puesta de los mantones alrededor de los troncos.

En septiembre, ya vamos a apreciar prácticamente la cosecha que vamos a poder recoger en los siguientes meses, pues la aceituna está terminando su engorde y es cuando inicia a acumular aceite en su interior.

Ahora, después de las lluvias, el árbol va a pegar el ultimo estirón, fruto de las lluvias caídas, del clima suave y de los abonados de septiembre, ricos en potasio, para que el aceite tenga una mayor calidad.

Ahora es cuando empezamos a observar el olivar día a día, para decidir cuando es el momento oportuno para iniciar la recogida, y así asegurarnos que el Aceite de Cospedal tenga la mejor calidad posible.

Las primeras aceitunas que salgan de los olivares de la Sierra de Segura, irán a formar parte nuestro aceite mas especial, el Aceite De Cospedal NEO, de recolección temprana,  para poder llevarlo a vuestras mesas.