Entre el 2 y el 13 de diciembre de 2019 tendrá lugar en Madrid la cumbre mundial sobre el Clima, que reunirá a más de 25.000 personas para debatir acerca de los retos climáticos de los próximos años.

En este sentido, los agricultores debemos plantearnos qué podemos hacer para mejorar, y qué prácticas son las más idóneas para reducir la huella de carbono.

La huella de carbono es la cantidad de Gases de Efecto Invernadero que produce el ser humano a la hora de fabricar un producto o realizar sus actividades diarias. En nuestro caso, la huella de carbono del olivar serían los kg. de gases efecto invernadero que se lanzarían a la atmósfera a la hora de producir  1 litro de aceite.

Recientemente se ha realizado un estudio denominado “Producción Ecológica Mediterránea y Cambio Climático: Estado del Conocimiento”, realizado por la Universidad de Córdoba, el cual se analizan distintos cultivos y la huella de carbono producido por los mismos, valorando el impacto de la agricultura ecológica sobre la huella de carbono, y sus beneficios en comparación con el modelo tradicional.

La conclusión apunta datos muy esperanzadores en el olivar, dando como resultado que en olivar ecológico la huella de carbono puede ser negativa, o lo que es lo mismo, que el olivar puede ayudar a reducir los gases efecto invernadero.

Esto es debido  al elevado secuestro de carbono que se produce gracias a la aplicación de tres prácticas fundamentales en el Olivar, el mantenimiento de las cubiertas vegetales, la re-utilización de los restos de poda y el uso de enmiendas orgánicas. Las tres prácticas tienen un alto potencial de secuestro de C, y todas ellas se basan o pueden basarse en recursos de la propia finca.

En el caso de los olivares de los que proceden el aceite de oliva De Cospedal el las variedades De Cospedal Gourmet, De Cospedal Bio y De Cospedal NEO, se practica el mantenimiento de cubierta vegetal,como ya os conté en el blog sobre el mantenimiento de la cubierta vegetal. Esta práctica incrementa el secuestro de carbono de la atmósfera por parte de la cubierta. que se suma al del propio árbol.

En los últimos años se ha añadido la labor de picado de las ramas para enriquecer el suelo con la propia materia orgánica procedente de los mismos árboles, esta labor se realiza después de la poda y se tritura todos los restos de poda más finos, dejando una cubierta de virutas que junto a la cubierta vegetal además de aportar materia orgánica al suelo reduce la evaporación del agua del suelo manteniendo durante más tiempo la humedad en periodos de sequía. 

Así, aportamos nuestro pequeño granito de arena a mejorar el medio ambiente, para que nuestras generaciones futuras puedan disfrutar de nuestro planeta.